jueves, 30 de marzo de 2017

                        * 24/07. GOZÓN DE UCIEZA. (Palencia) Recuerdos y Añoranzas.                     

Los medios de transporte

Tengamos en cuenta que antes del año 1960  - al menos en nuestro pueblo -, no existían ni, coches ni, camiones, ni motocicletas y tan solo algunas bicicletas. Por lo que solo quedaba el transporte de carros de viga o de varas, con las ruedas de madera y llantas de hierro que eran para hacer trabajos o viajes necesarios.

Así que el medio de transporte que había disponible para otros fines, eran los coches de línea:   

1º-  El coche línea de MartínÉste, pasaba por nuestro pueblo de lunes a viernes, en las  primeras horas de la mañana. Su salida era, desde Saldaña por la carretera P-240, hasta enlazar con la P-245 en el término de Villasarracino, e iba parando en todos los pueblos del recorrido hasta el final de línea que era Osorno. Por la tarde/noche, el recorrido contrario.

Los pueblos intermedios de parada eran: salida de Saldaña, Velillas del Duque, Quintanilla de Onsoña, Villaproviano (en el cruce de la P-240 con la P-241) Gozón de Ucieza, Bahillo, Villasarracino, enlazando aquí con la P-245,  Fuente Andrino, Abia de las Torres y Osorno. Por la tarde/noche, el mismo recorrido, pero al revés. En Osorno, al haber estación con algunas paradas de tren de Renfe, que sigue habiendo entre Santander y Palencia, Valladolid y Madrid, y nos servía de salida hacia el resto de España. Sino, había que bajar a Palencia a coger el tren de Renfe.


               2º- El coche de Abagón. La segunda opción era ésta línea. Pero tenía el inconveniente de que había que ir a cogerlo al pueblo vecino de Villaproviano a 3k.  las carreteras seguían siendo sin asfaltar, tanto en invierno como e en verano. El mismo, procedía de un pueblo del norte de la provincia llamado Villaverde de la Peña.

                Los pueblos de parada eran: Guardo, Velilla del Río Carrión, Pino del río, Saldaña, Velillas del Duque, Quintanilla de Onsoña, Villaproviano (pueblo), y otros varios pueblos en dirección Palencia. Por la tarde/noche, realizaba el mismo recorrido, pero al revés.

             3º- El coche de AjaLa tercera vía de salida, era la que llamábamos el coche de Aja. Este coche de línea, había que ir a cogerlo a un pueblo llamado La Serna a unos 8k de distancia, por las carreteras aún de canto partido y tierra,  P-240 + P-241 + P-243, hasta la ya asfaltada C-615 (Hoy CL-615) Esta línea de coches que sigue existiendo, hace su recorrido por la carretera CL-615,  desde Guardo hasta Palencia, en ambas direcciones y con varios horarios. Al menos tenía una ventaja, funcionaba también los domingos. Así y todo era una faena. Ésta variante era la que menos agradaba a todo quisqui. Pero es lo que había. Tengan en cuenta, que en general, los recorridos hasta los coches de línea, si eran en invierno, o días de lluvia, había que hacer los kilómetros generalmente a pie y andando.

            La bicicleta. Los afortunados que disponían de una bicicleta, podían acercarse libremente a poblaciones cercanas, aunque las carreteras no animaban mucho a ello. Las carreteras cercanas al pueblo, seguían siendo de canto rodado partido y tierra. De todas formas no quedaba más remedio, si había que ir a Carrión o Saldaña a por medicinas u otras necesidades. Concretamente, yo iba a ambas poblaciones a cambiar novelas del oeste, y varias cosas más. Otros, por necesidades de su trabajo, iban en bicicleta hasta Saldaña, Sahagún de Campos (León), Osorno, Carrión de los Condes y hasta Palencia. Y vuelvo a insistir, los pocos que tenían bici, eran unos afortunados. Como detalle, les contaré que el año que hice la primera comunión, para comprarme el pertinente traje, mi madre me llevo a comprarlo a Saldaña. Pero claro, fuimos a pie y volvimos andando. Total, 14,7+14,7 kilómetros de nada por la carretera P-240, aún de canto rodado partido y tierra.

También había personas, que los martes, se iban andando de madrugada al mercado de Saldaña, a vender huevos, pollos de corral u otros artículos para ayudar a la casa.

              Los mercados más cercanos. Todos los martes era y sigue siendo mercado en Saldaña (14,7k por la P-240), y los jueves en Carrión de los Condes, (17,1k. por la P-242). El trigo, se entregaba en el “silo” de Saldaña, pero el resto del grano se vendía libremente. Se envasaba en sacos de unos 80 kl, se pesaba previamente, se cargaba la víspera y el día de mercado, de madrugada a venderlo. Tanto a Carrión de los Condes, como a Saldaña, había que ir con en transporte idóneo entonces, los carros con ruedas de madera y aros de hierro por las carreteras de canto y tierra. (Y sus baches)            

              Es lo que había. E íbamos contentos y encantados, ya lo creo. Ir a Saldaña o Carrión de los Condes, siempre era motivo de satisfacción y alegría: Calles asfaltadas, aceras, bares, tascas, cafeterías, restaurantes, casas de comida, tiendas de todo tipo, farmacias,… en fin, la leche.  



lunes, 13 de marzo de 2017

La iglesia de San Miguel

^ Edificios destacables: La iglesia de San Miguel







                   
La iglesia, es del siglo XVI según unos, o del siglo XVIII según otros. Es del mas puro estilo neoclasicismo, y está dedicada a San miguel Arcángel, que es el patrono del pueblo. Su fiesta se celebra, el día 8 de mayo. (en otras poblaciones cercanas, lo celebran el día 29 de septiembre)
La misma, consta de tres naves, destacando un retablo del evangelio del siglo XVI, y otro retablo, éste Neoclásico, con la imagen de la Virgen del Sayugo, también del siglo XVI. En la nave epistolar, sorprende una excelente estatua del Arcángel San Miguel, espada en mano, del siglo XVI. El que éstas tres coincidencias sean del siglo XVI, confirma que la iglesia, es al menos, también del siglo XVI?. En la nave de la izquierda, existe un altar dedicado a San Martín con sagrario incluido. El mismo, se cree que perteneció al desaparecido pueblo de Mañueco, ya que no es normal que haya dos altares con sagrario en una misma iglesia.
Recinto bautismal. Debajo de la parte central del coro, está situado dicho recinto, en la que hay una gran pila de piedra tallada, en la que recibíamos todos el bautismo. La parte delantera por la que se entra, tiene unas barandillas de madera labradas excelentemente.
             El monumento de Semana Santa. Cuando era aún un chiguito, recuerdo muy bien, que había un monumento de madera pintada, en el cual se celebraban las ceremonias propias de la fechas, que se colocaba por Semana Santa al lado del altar de San Martín, que se desmontaba y guardaba.
Dispone de una amplia sacristía en la que hay una estupenda y gran cajonera de madera en la que se guardan todo la ropa y complementos utilizados por el sacerdote.
Su coro. Está situado en la parte superior y posterior de la iglesia. Dispone de tres arcos coincidentes con la distribución de la iglesia. Tiene el suelo de madera, y le decora en su parte delantera, un arambol de madera en cada uno de los tres arcos. Se accede al mismo, por una escalera de madera. Antaño, todos los mozos del pueblo subían al mismo durante todos los oficios que se celebraran en la iglesia. Así mismo y en su parte central, se situaban varias personas del pueblo, para cantar las misas tanto gregoriana como de difuntos que se celebraban en latín por aquellos tiempos, o cualquier otra celebración.
Su torre. Toda ella está fabricada en piedra. La parte superior esta ocupada por un campanario que ostenta seis troneras que acogen a su vez, a tres campanas. Así mismo y en su parte central, una gran viga, sostiene dos campanones (campanas muy grandes). Las campanas, han sido recientemente recuperadas por dos vecinos del pueblo: Juan y Justino. Estaban bastante deterioradas y las han dejado como nuevas. Un trabajo excelente. Gracias por vuestro trabajo y mi reconocimiento.



miércoles, 8 de marzo de 2017

* 24/3.  GOZÓN DE UCIEZA.  (Palencia) Recuerdos y Añoranzas .

La producción  local.                                                                                                                Más datos

Dado que el campo del pueblo es de secano en su totalidad, solamente hay la posibilidad de siembra de ciertos artículos, por lo que el cereal, las leguminosas, algo de alfalfa y menos aún la esparceta, eran la única alternativa para los agricultores. En cuanto a la ganadería, solo el ovino era importante, no así el bovino, que apenas se explotaba.

Gozón de Ucieza, dispone de un terreno, que en buena medida, es bueno. Aunque sea de secano. Su geografía, es bastante irregular, en cuanto que tiene abundantes lomas, altos, arroyos (unos 40), y otros desagües menores (que desembocan en los ríos Valdecuriada o Ucieza), y conforman una variedad de pequeños valles muy diversos, con un terreno de excelente calidad.

Los productos agrarios que mejor se adaptaban a esta zona de “la loma” eran: el trigo, cebada, avena, yero, lenteja pardina,  y ya en menor medida, el guisante (arveja), garbanzo, tito, muela, chocho (altramuz), la patata, alfalfa y esparceta, y también el vino.

Como antes decía, el pueblo contaba con una buena cantidad de hectáreas dedicadas a la vid. El vino que se daba, era un clarete con algo de aguja, bajo en alcohol, y un buen sabor en boca, que en las bodegas subterráneas del pueblo, ganaba en calidad con el tiempo; aunque creo que era un vino de consumo anual. Una verdadera pena la  pérdida de aquellos viñedos. Llegó la concentración parcelaria, (necesaria por otra parte) y acabó con algunas cosas buenas. Las dos caras de la misma moneda.

Además, existían unas veintiséis bodegas clásicas subterráneas, teniendo unas ocho, el lagar para recibir la uva madura para elaborar el vino. Una parte de los vecinos, tenían vino de su cosecha para todo el año. Aunque el viñedo existente no daba para el consumo total del pueblo.          

Éste, se metía en carrales/cubas de madera que lo conservaba estupendamente. Tengamos en cuenta que este tipo de bodegas mantienen la misma temperatura durante todo el año.

En cuanto a la ganadería,  había varios rebaños de ganado lanar, con unos excelentes lechazos y corderos, que al horno de leña, como antes se hacía también el pan, eran un verdadero manjar. En el pueblo, había tres/cuatro pastores, que llevaban al campo, los rebaños de varios vecinos; También había algo de ganado vacuno, caprino y caballar sin mayor importancia.

Entre los años 1950/1960,  El ganado que se utilizaba para las labores agrícolas, eran las vacas principalmente; aunque estas, pronto dieron paso al ganado mular y caballar.

            Existía un corral llamado de las burras, donde los vecinos llevaban aquellos animales que no trabajaban para que se les llevara al campo a pacer. Para ése menester, había un pastor. Éste, avisaba a los vecinos, tocando una gran caracola, que se oía por  todo el pueblo.

Otro modus vivendi, era que la mayor parte de los vecinos criaban sus gallinas, conejos, cerdos, etc. y el tener un huerto para su autoconsumo de verduras como: lechugas, cebollas, cebolletas, berza, puerros, ajos, fresas, etc. era lo normal.

Aparte de estas verduras, se aprovechaban otras que nacían solas por el campo como: las aceras o acederas, lecherinas, berros, manchocos, también existía alguna huerta con diversos tipos de frutales: manzanos, perales, guindos, cerezos, limoneros, higueras, nogales; además había varias guindaleras repartidas por diversas partes del campo.

Un comentario que no quiero dejar pasar; cuando yo tenía entre 7/10 años, había en el pueblo un par de mozos de unos 17 años, que en sus horas libres, se dedicaban a plantar guindaleras en las zonas del campo que estaban perdidas por ser terreno de mala calidad, y claro, no se les logró ninguna. O sea, que decididos y emprendedores sí que eran. Eran grandes amigos. Se llamaban Juan y Cesar Pompeyo. Éste último, hermano mío. Me sacaba 8 años. 

Existían unos seis palomares; aún perviven alguno, aunque en mal estado. Una pena.

En cuanto a la caza, había abundancia de: codornices, perdices, liebres, y ya en menor medida, paloma torcaz, conejos y zorros.

Aparte de los pastores de ovejas, que conocían muy bien donde había huras de conejo y las camas de las liebres; había un cazador en el pueblo, que practicaba la caza de la liebre con galgo.

En los ríos Ucieza y Valdecuriada, abundaban los cangrejos autóctonos, los barbos y también las truchas. No se quien pudo ser el listo que se cargó nuestros excelentes cangrejos autóctonos, pero… bueno, mejor dejarlo. Personas de más edad que yo,  me han indicado, que también se pescaba la trucha por estos ríos.

A lo largo y ancho de las riberas de ambos ríos, se podía contemplar el verdor de bastantes plantíos de zalces y sobre todo de chopos. Su verdor casi permanente, dan una gran sensación de calma y tranquilidad. 

En ellos hacían sus nidos las pigazas (urracas) (hoy en día, vecinas de las ciudades),  

Sin olvidarnos de los picamadera (pájaro carpintero). Éste ave, que hasta los años 1.950/60 se le veía con frecuencia por nuestra tierra, ahora se le da por desaparecido. 

La abubilla, un ave realmente curioso y espectacular, tanto por su canto “bub-bub-bub”, como por su moño o cresta de regular tamaño. 

Otra ave que también frecuentaba el pueblo, llamado aguzanieves o lavandera blanca, especialmente, en los meses de invierno. Es un ave inquieta, de aspecto inocente y simpático.


 

* 24/10. GOZÓN DE UCIEZA. Palencia. Recuerdos y añoranzas .

La emigración rural.

Entre el final de los años 1.940 y el año 1.980, se produjo la mayor emigración conocida en la zona rural española, y nuestro pueblo, no fue una excepción. Esta primera emigración, en un noventa y mucho por ciento, se realizó hacia otras zonas españolas. (Al menos en nuestro pueblo)          

Número de hijos.

Debemos tener en cuenta, que un buen número de las familias de entonces, tenían un buen número de hijos. Concretamente, y en la mía, yo soy el octavo de nueve hijos.

Cuando yo era un “chiguito”, el promedio de hijos por casa que recuerdo, era de 4,4 de media.  Y solo había trabajo para todos durante el verano, pero no durante el resto del año. Aún así, todo iba bien mientras eras joven y vivías en casa de tus padres, pero cuando empezabas a tener algunos años más y empezabas a pensar en independizarte y quizás a formar tú propia familia, la cosa ya era diferente.

La realidad se imponía y te dabas perfecta cuenta de todo. Al fin y al cabo, ya lo habías vivido con otros hermanos mayores y hasta familias enteras que se tuvieron que marchar.

Hay un dicho que dice: donde comen cuatro, comen cinco; pero no creo que todos los días sea eso posible.

Una parte de capitales del pueblo, daban para vivir a una sola familia. Pero el resto no era así y vino lo que tenía que suceder.

Por lo tanto, creo que la emigración, fue ineludible y necesaria. Tuvimos que irnos del pueblo personas de todas las familias. En nuestra familia de doce hijos, solo quedó uno, pero otras,  tuvieron que irse todos sus componentes. Con más o menos recursos, no había para vivir todos. Sin mas paliativos. Y la realidad se impuso.

Aparte de ello, la agricultura estaba bastante atrasada. La llegada del tractor, la creo necesaria e ineludible, pero así y todo, el campo necesitó de bastantes décadas para llegar al nivel conseguido hoy en día.

Ahora  mismo, en la zona rural, se vive muy bien; pero tiene el gran problema de los cada vez menos habitantes, y allí, los inviernos, se hacen verdaderamente largos y tristes. (Bajo el punto de vista de algunos “capitalinos”, claro). Por el contrario, el verano es muchísimo más agradable y llevadero que en la ciudad. Ya lo creo. Pero claro, no todo el mundo es de pueblo, o no tiene pueblo a donde ir.

Las zonas españolas a las que se emigró mayormente, fueron: Vizcaya, Santander, y Barcelona al principio, y posteriormente, a Madrid.

Más adelante al montarse Fasa/Renault/Valladolid,  la gente opto por ella. Ésta, cuenta con el atractivo de estar mucho más cercana.

Veamos, de Valladolid a Palencia, hay 51,5k. De Palencia a Carrión de los condes, hay 39,2k. De Palencia a Saldaña, hay 62,4k y de Palencia a Guardo, hay 95k.

Hoy en día, hay personas que trabajan en Valladolid y por su sistema de trabajo, viven en sus pueblos de origen. O sea, que la distancia también tiene su valor económico y sentimental.

Posteriormente, al abrirse otra factoría de Renault/Palencia, otro importante número de palentinos, opta por irse allí a trabajar. Pero aquí ya, la emigración fue algo diferente, ya que bastantes de ellos, van allí a trabajar, pero siguen viviendo en el pueblo.  

El total de casas habitadas que yo recuerdo, eran unas 48; habitadas hoy en día todo el año hay 11; Vacías y en un estado bueno, unas 16; el resto, algunas medio caídas y otras desaparecidas.

En fin. Esta época marcó tanto el devenir de ésta tierra, que los que nacimos hace más  de sesenta y cinco años y no vivimos allí, nos cuesta creer y a veces entender el declive existente en nuestra España rural.  

Aunque me fastidia creer y así lo pienso algunas veces, creo que esta zona puede tener un futuro muy diferente y aún, mejor al de hoy en día. ¡Ya lo creo.¡

Como podemos ver, las cifras cantan por sí solas. Una pena. Y un desastre. Pero amigos, la vida a veces es así de desagradable. Y la rueda sigue.

También hubo en el pueblo quien se atrevió ir a trabajar al norte de Europa.

Sin embargo, en otros pueblos limítrofes fueron varios los que se decidieron ir a trabajar a varios países del norte de Europa.

Tuve un primo de Villota del Duque, que estuvo varios años en Alemania. Después de varios años ya de vuelta en el pueblo y comentando é, el tema de sus vivencias en Alemania, me comentaba, que según su punto de vista, no era necesario ir a ningún otro país para vivir bien.

Me decía que si la vida que le toco hacer en Alemania la hubiera hecho en España, hubiera sido suficiente para conseguir las mismas ventajas económicas, pero sin los sacrificios que se tuvo que imponer fuera de España, su pueblo y de su casa. En pocas palabras, si los sacrificios realizados fuera de casa, los hubiera hecho en España, habría vivido bien. … y en su país. …

El problema español es, que siempre vivimos a nuestra “manera”, sin pensar demasiado en el mañana, como  hacen los países del resto de Europa. Eso de planificar y programar (al menos) en aquellos entonces, …

Ya lo dijo Miguel de Cervantes Saavedra y corroboró muchos años después un tal Sr. Fraga. “Somos diferentes” y no nos hemos cansado de demostrarlo a lo largo de nuestra larga e importante historia.

Por otro lado, está claro que a veces no aprendemos ni de lo malo que hemos vivido: “nuestra emigración al exterior de España fue ejemplar”. La inmensa mayoría de nuestros compatriotas, se fueron con su correspondiente contrato de trabajo y a pesar de ello, bastantes, lo pasaron realmente mal. Y otros, se volvieron o se tuvieron que volver y pronto; y no había otra opción; o eras útil para el trabajo y ¡NO¡ conflictivo o te ibas para tu casa. Y punto. Y eso, siendo como somos el “primer país preferido” para el trabajo por los empleadores del norte de Europa ¡?¡ que sino. …

Y ahora con nuestra experiencia y después de tantos años, nos permitimos “el lujo” de hacerlo tan mal?  Tan malos son los que nos gobiernan? Me da mucho miedo y temor por nuestros hijos, nietos. ... y de nuestra actual forma de vivir y ser de los españoles. … Ésta, es una historia muy triste, tanto para los que vienen, como para aquellos que los tenemos que recibir; sin más.

Alguna vez, nos vamos a sentar tranquilamente y pensar con equidad, lo que realmente interesa a éste país, llamado España??? Nosotros, solo somos un engranaje más de la misma. Solo eso. Somos un “mojón” en medio del campo. Nada… Y pregunto: ¿Saben lo que es un mojón en España? Pues según la RAE, una señal permanente que se pone para fijar los linderos de heredades, términos y fronteras. Pues bien, además de lo que dice la RAE, y según se ha llamado desde siempre en mi pueblo, “mojón”, es un pequeño montón de abono natural, que se echaba en las tierras para mejorar en lo posible el rendimiento de las mismas. ¡¡¡Poca cosa, verdad? Y luego había que esparcirlo en la tierra con una horca, antes de taparlo con el arado. … O sea, nada.

A pesar de todo, supongo que habrá historias y opiniones de todo tipo en ésta cuestión.

Por otro lado, habría que considerar la actual emigración de gente prepara en España, que se va a trabajar a otros países.

También es verdad, que entre los que se van a trabajar afuera y los que recibimos, hay una diferencia infranqueable a día de hoy.

Ello, nos debe hacer más cautos y precavidos a la hora de tomar éste tipo de decisiones. Éste asunto, es de vital importancia para España y del resto de Europa. (Que a veces parece Uropa). Tan sin norte, tan sin sentido ni acierto, que parece que están jugando una partida de cartas para divertirse; y éste tema, no es un juego ni una diversión, es mucho… muchísimo más… es nuestro futuro... Nuestro modo de vida… nuestras libertades… Y más… y más y mucho más. …

Como siempre, no? La cabeza bajo el ala y que nos saquen otros las castañas del fuego. La historia se repite incansablemente.

Por otro lado y a la vista de lo que hoy está sucediendo, puede que alguna ventaja tengamos los españoles a favor de irse a trabajar fuera de España. Aunque como siempre en la vida, todo depende de cada persona. Los que den más importancia al dinero que al modo de vida fuera de su patria, familia y de la que era su casa, lo encontraran correcto. Y muy de respetar. Pero y, los que anteponen otras ideas y sentimientos al frío dinero, pero dentro de España?  Pues bueno; todos tienen el mismo derecho a que se les respete su actitud y forma de proceder. Pero así y todo, creo que hay otro factor, que entra en ésta cuestión y es el nacional. Cuestión muy delicada y difícil de dilucidar.

Los que trabajan en España, pagan sus impuestos, invierten y ayudan más a sus conciudadanos. Y queda algo tremendamente importante. Aquellos que, después de hacer sus estudios o una carrera (a cargo de la nación) y se van a trabajar afuera. … qué? pero volvemos siempre al principio de la cuestión. “Ante todo”, somos libres de elegir, sin que “nadie”, pueda cuestionar nuestra decisión. Es una  cuestión del sentimiento de cada uno. Sin más.

 



 

*  24/05.  GOZÓN DE UCIEZA (Palencia). Recuerdos y añoranzas.

 

Las Jóvenes  Rurales.                                                                                      Una juventud muy dura.

Sobre los años 1950, había un buen número de chicas, o mozas jóvenes, entre los 15 y 30 años de edad, en los pueblos de la zona. Y nuestro pueblo, no era una excepción. Según mis recuerdos de hoy, y cuando yo tenía entre 8/10 años, habría unas 40/45 mozas.

Ayudaban a la madre en las labores de la casa: lavaban la ropa de toda la familia, fregaban los suelos de la casa de rodillas, ya que aún no existían las fregonas, fregaban todos los platos y demás trastos sucios de la cocina, iban a por el agua que se utilizaba para beber a la fuente, cosían la ropa de los componentes de la casa, tejían jerseys, chalecos, calcetines, guantes de lana, y que yo recuerde, también fabricaban ropa de tela, como calzoncillos, batas, delantales, pañuelos para la cabeza de las mujeres, pañuelos para los mocos de todos, cosían/arreglaban los tomates de los calcetines con una bombilla, y yo que sé cuantas más cosas. Y aparte de ésas nimiedades, la que más y la que menos, se estaba bordando unos manteles, unas sabanas y colchas preciosas, que pasarían a formar parte de su ajuar de boda.

Y eso, era durante el invierno y una parte de la primavera, porque cuando llegaba la primavera y crecía el cereal en las tierras, aparte de seguir haciendo la mayor parte de esas labores, tenían que ir al campo a “escardar”. O sea, limpiar la tierra de las malas hierbas para que creciera limpio y sano todo el cereal sembrado.

Por las mañanas y por las tardes, sin limite de horas. Éste trabajo, que se realizaba con una piqueta de mango corto, era un trabajo fastidiado, ya que tenías que estar agachado la mayor parte del tiempo.” Ya saben, no? los riñones agradecen en gran manera dicha postura. Y sé de lo que hablo, vale, tuve la suerte de acompañar a dos hermanas varias veces.

Si  las tierras estaban cercanas al pueblo, se solía ir andando, y si estaban algo lejos, se solía llevar algún animal, un caballo, una mula o un burro, en función de la disponibilidad de cada casa. Se colocaba encima  del animal, una manta  sujeta con una cincha de cuero, y encima de ésta, unas alforjas para llevar el almuerzo o la merienda, y el botijo para el agua, ya que ésta pieza de barro cocido, si se tiene un poco de cuidado, mantiene el agua fresco durante bastante tiempo. Y que ésta pieza, era imprescindible en el campo. Para el vino, había una pieza del mismo material, denominado “boto”. Y encima de todo ello, las personas.  

Y aparte de todo esto, la mayoría de las mujeres, cuando regresaban de las labores del campo, traían sobre el animal, algún saco lleno de hierbas varias, como mielgas, amapolas, trébol, aballicos, etc. para dar de comer a los conejos, cerdos, u otros animales de la casa. Y a veces, sin animal de carga.

Aquí, debo contar la historia de una mujer del pueblo. Ésta señora embarazada, se fue a trabajar al campo y, estando en ello, sintió los dolores del parto, así que se tuvo que volver a casa a su aire para dar a luz. Y lo logró sin problema alguno. Así eran aquellas mujeres del campo. ¡Duras?! No lo sé, pero eran la leche. No sabría como llamarlas. Me faltan palabras para definirlas.

De la misma manera, traían unas hierbas fuertes llamadas abaleos para hacer escobas, que luego se utilizaban para barrer en la era, en el corral, etc. y otro tipo de hierbas altas y finas llamadas heno, de las que se hacía otro tipo de escoba que se usaba para barrer dentro de casa.

 Y así, hasta que comenzaba el verano, durante el cual, aún había que dar más caña…si cave. Primero, porque había que madrugar bastante más, y segundo, porque las labores aparte de variadas, y más fuertes, había que hacerlas durante los tres meses más calurosos del año: Julio, agosto y septiembre.

                 En mis años jóvenes, los productos que se sembraban en nuestro pueblo, eran, de las leguminosas, el yero, la lenteja, el garbanzo, el guisante, y el tito o muela. De forraje: la alfalfa, y algo de esparceta o pipirigallo. Y los cereales, que eran de lo que  más obradas (una obrada = ½ hectárea) se sembraban, el trigo, la cebada y la avena.

Dado que de la recolección de la cosecha, dependía totalmente la economía de la inmensa mayoría de los hogares, era cuando todos los componentes de la casa tenían que aportar el mayor esfuerzo al bien común, para recoger la cosecha, en el menor tiempo posible.

Bien, pues vamos con el verano. La primera labor que se presentaba, era arrancar a mano, los yeros y  lentejas y en menor cuantía, los garbanzos y las muelas/titos. Este trabajo, se hacía agachado, arrancando con una mano, y poniendo el otro brazo apoyado en la rodilla doblada como soporte. El arranque a mano de las leguminosas, se dejó de hacer sobre el año 1.960, (en contra de la opinión de las personas mayores) y se empezó a segar estas leguminosas con el dalle o guadaña.  Gran avance. Con éste artilugio, unos segaban, y el resto de la familia iban recogiendo, arrastrando y amontonándolo todo. Posteriormente, salió la máquina de segar leguminosas, de la que tiraban dos animales, y ya todo era más rápido y con menos esfuerzo. El porqué las personas mayores querían que se “arrancaran” las leguminosas, tiene una fácil explicación  y esta era la económica. Aparte del grano, que solía tener un buen precio, la paja (que se llamaba de tardío) se vendía estupendamente para el ganado vacuno de las zonas de Asturias y Cantabria. Pero lo que hay que saber, es que la paja de las leguminosas se compone por así decirlo, de dos partes; una que está enterrada en el suelo, llamada “raíz” y la que asoma encima de la tierra. Pues resulta que la parte de la paja llamada “raíz” pesa mucho más que la somera. Y en aquellos días, la economía en el campo, se componía de muchos pocos. No de pocos muchos.     

 A continuación de las leguminosas, venía el cereal. Yo no llegué a segar el cereal con el daye/dalle, pero a mis hermanas (os), unos años mayores que yo, sí que les tocó. Recordar que antes del daye, todo el cereal se segaba a mano con la segadera. Y era en ésa época cuando venían a segar a nuestra tierra, los jóvenes “segadores” de la zona leonesa “del páramo”. Posterior a ésas fechas, se realizaron acequias de cemento para regar aquellas tierras del páramo leonés, que a día de hoy son bastante más ricas que las nuestras.

Yo, tuve la suerte de que cuando comencé a trabajar en el campo, ya existían las máquinas segadoras de cereal tiradas por un par de animales. Las primeras de ellas, llevaban ruedas de hierro y con los rodamientos al descubierto, o sea, al aire; las averías de ellas eran frecuentes. 

Al poco tiempo, llegaron  segadoras de cereal con ruedas de goma y los rodamientos tapados por un cárter cerrado de hierro fundido. (O sea, los rodamientos tapados herméticamente y bañados en valvulina). Éstas máquinas, ya eran la pera. Mejor dicho, “la repera”. Qué comodidad.  Ruedas de goma, y todo. Y encima, al llevar los rodamientos tapados y bañados en valvulina, las averías y el tiempo perdido, era mucho menor. Las primeras máquinas de éste tipo que yo conocí, fueron de la marca Deering (creo era americana). 

Mi padre, que era el herrero del pueblo, trajo varias de segunda mano. Las arregló, pinto y dejó como nuevas y las vendió. Así que me toco parte del verano haciendo de pintor de brocha gorda. Y a mi padre le gustaban las cosas bien hechas. De fabricación nacional, la primera que conocí, fue de la marca Urbón, fabricadas en Medina de Rioseco (Valladolid). Luego conocí  alguna marca más. 

La persona que solía conducir la máquina segadora iba sentada en un asiento que las ruedas de goma hacían bastante cómodo. Dicha persona,  solía ser un varón, casi siempre el jefe de la familia o el hijo mayor. Detrás, el resto de la familia, regularmente mas mujeres que hombres, iban  atropando (del verbo atropar) las gavillas que iba dejando la máquina y hacer las morenas,  y por último, había que recoger con el rastro (arrastrar) los restos de mies que quedaran en la tierra. La persona que conducía la máquina segadora, iba sentada en todo momento, tanto segando, como de una tierra a la otra; y el resto, que hacíamos el trabajo duro, pues detrás dando un paseíto. Que demonios, si es que además el andar es muy sano. O no. ¡¡¡ Y la mayor parte de las  veces, cantando de una tierra a otra ¡¡¡ Qué era eso?

 Como puede verse, cuando había un trabajo duro, allí estaban las  mujeres. Claro que en este caso no solo eran las mujeres. En verano, todo quisqui, era necesario. Hasta los más jóvenes. Pero a ellas en la siega, como en otras labores les tocaba siempre lo mas duro.

El verano, se acababa cuando ya no quedaba grano de ningún tipo en las eras. Últimos de agosto, o primeros de septiembre generalmente, aunque se podía alargar hasta la segunda quincena de septiembre, pero no era lo frecuente. Si el verano se alargaba, era por dos motivos. Primero, porque el año venía muy bueno, o porque había llovido bastante durante el mismo, (o ambas cosas), con lo que se retrasaba la trilla del cereal, y por tanto, el resto de labores posteriores.

Digamos que el verano, es un proceso que comprende las siguientes fases: el arranque o corte de las leguminosas, el segado de los cereales, el acarreo a la era, la trilla, la bielda, y por último, meter el grano en la panera y la paja en el pajar. Dejando todo ello en las tierras, hasta el acarreo (transporte con carro) de todo ello hasta la era. El acarreo, se realizaba con carros de viga para dos animales. Estos carros iban montados sobre ruedas de madera y arco exterior de hierro, e iban armados con unos armazones altos y anchos  de madera y redes trenzadas de cuerda.

Durante el tiempo de acarreo de la cosecha desde las tierras a la era, y en casa de mis padres, se hacían tres viajes diarios y para ello, había que madrugar una barbaridad; entre las 12 y las 12,30h de la noche, arriba España, y a acarrear. O sea que si lograbas dormir 4/5 horas diarias eras un tío afortunado. Y así durante 30/45 días. Después del acarreo, se esparcía la trilla en la era con lo traído. Una vez que la mies estaba bien molida, se procedía a aparvarla. Claro que la trilla duraba regularmente todo el día. 

Luego, venía la bielda. En mi tiempo y al principio, ésta se hacía con una maquina llamada beldadora, que llevaba incorporada una zancada (zanca), que se movía a mano por las personas. Y aquí, también les tocaba de duro a las mujeres. Posteriormente, se la acopló un motor de gasolina, que en casa era de la marca “Campeón”, y la bielda dejó de ser un suplicio.

Después, ya vino la elevadora/ensacadora, y esa máquina, ya era la leche. Jovar. ... beldaba, limpiaba, y. … ensacaba el grano. Todo de seguido. Los sacos de cereal, pesaban entre 75/90 kilos, en función del tipo de cereal. Más, si era trigo, y menos, si de cebada o avena.      

 Para hacernos una idea de lo que se curraba entonces durante el verano y la importancia que se le daba, decir que solo se hacía fiesta, las fechas siguientes: el 18 de julio, fiesta nacional; el 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol y patrón de España, y el 15 de agosto festividad de Nuestra Señora.

Acabado  el verano, todo volvía a la normalidad. Fiesta los domingos y días de guardar.


*  24/04.  GOZÓN DE UCIEZA (Palencia). Recuerdos y añoranzas.

Madres rurales.                                                                                                     Una vida sacrificada.

Para entender un poco la situación rural de aquellos tiempos, tenemos que partir de una base fundamental en aquellos años. No había agua corriente en las casas. Y en función de ello, no existían ni el fregadero, ni el cuarto de baño. Lo más aproximado al lavabo, eran las antiguas palanganas metálicas esmaltadas con su palanganero. El mismo, era redondo en su parte superior con patas metálicas y pintadas de colores. Y encima una palangana redonda. También había palanganeros de madera, y de estas algunas llevaban un espejo en la parte delantera superior y su palangana metálica. Algunas de éstas, he conocido con un lavabo blanco redondo de cerámica.

Como es fácil de entender, las cocinas amuebladas con su fregadero como las que  hoy en día conocemos, ni de sueño, ni mucho menos; los platos, cazuelas, cubertería y demás, se fregaban a mano en un barreño, o bien metálico o de barro cocido y si era invierno con agua calentada un puchero. Y para colocarlo todo después de dejarlo limpio, algunas casas tenían algún mueble suelto como un pequeño arca, una alacena de madera o algo similar. Incluso yo conocí huecos en las paredes a modo de alacena en alguna casa. Cuando yo era un chiguito, en la cocina de casa, aparte de la mesa, existían dos bancos de madera sin respaldo, unas cuantas sillas y una alacena. (Eso sí, todo ello, fabricada en madera, madera)

El agua corriente, no fue posible hasta el año 1.975, (al menos en nuestro pueblo). Sabiendo como sabemos todos hoy en día, lo que significa el agua corriente en las viviendas, podremos hacernos una pequeña idea de lo importante que ésta carencia significaba para las mujeres rurales de entonces. Lavar la ropa, fregar los suelos de “rodillas” (todos los días), los trastos de la cocina, platos, vasos, cazuelas, sartenes…

Bien. Hasta cerca del año 1.950, el agua que se utilizaba  en casa, se traía de una fuente situada a unos mil metros del casco urbano del pueblo. “La fuente del canto”. El nombre de ésta fuente tiene un nombre curioso ya que está hecha totalmente en “piedra labrada”. El agua es de manantial y desagua en el río Valdecuriada. Así mismo y, antaño, esta fuente tenía bastantes cangrejos autóctonos.   

La misma sigue existiendo a día, y según algunos, puede tener ascendencia romana.

Posteriormente, se hizo un pozo excavado en el suelo al lado de las eras. Sobre el brocal del mismo y con fábrica de ladrillo y cemento se hizo una pequeña caseta en forma de arco. En la parte anterior de la misma tenía un hueco tipo ventana con una poyata; sujeta del techo tenía una polea con una cuerda para atar a ella un cubo y sacar el agua. En la pared lateral derecha, disponía de un caño que servía de rebosadero y desaguaba en una pileta de fábrica de ladrillo y, y ésta a su vez, en un pequeño arroyo que discurre al lado.

Dentro del pueblo, existían varios pozos de los excavados en el suelo, de +-, 1 m. de diámetro, variando bastante la profundidad de unos a otros, y que yo recuerde, solo se utilizaban para lavar la ropa, dar de beber a los animales, hacer adobes, etc. pero su agua, no se utilizaba para el consumo de las personas. Siendo estos de propiedad particular.

Tiempo después sobre los años 1.950, y por parte del ayuntamiento, se hace un pozo artesiano dentro del casco urbano, en un pequeño plantío de olmos, que aún existe al lado de las eras del pueblo. Y de éste, si que se utiliza su agua para todo tipo de servicios del pueblo. Dado que éste pozo artesiano da suficiente caudal, se aprovecha para hacer un abrevadero o pilón de fábrica de ladrillo para la ganadería.

A raíz del agua corriente en el pueblo, se hacen unos lavaderos para el lavado de ropa. Hasta  entonces, habían de hacerlo en el río Valdecuriada o en los pozos excavados del pueblo. En invierno y en verano. En verano, algunos años, el río Valdecuriada, solía secarse y al dejar de correr el agua, tenían que ir a lavar la ropa al río Ucieza; a unos 1.500 m. del pueblo. También se iba a lavar la ropa, a un pozo artesiano de 6/8 caños que tiraba mucha agua, situado a unos 1.500 m. en el campo de Bahillo; aquí se solía llevar comida. Mis hermanas, al menos así lo hacían a veces.

Tengo varios recuerdos grabados en mi memoria sobre mi madre, que siempre me acompañarán; pondré un par de ellos. En éste caso, tendría entre seis y ocho años.

1º.- Era invierno, había nieve por todas partes; en las calles, los tejados, y las tierras del campo todo blancas. Había chupiteles (carámbanos) en los aleros de los tejados del pueblo; las orillas de los caminos, cunetas de la carretera y del  río Valdecuriada, con nieve y escarcha, y el agua del río, helado. Pues bien. Acompaño a mi madre a lavar al río Valdecuriada, la ropa sucia de una familia de 11 personas.

Me estoy viendo bajar con ella, por la calle mayor del pueblo hacia el río llevando entre ambos, un gran balde metálico, lleno de ropa sucia, y ella, en su mano derecha libre, el tajo de madera para lavar, y una alfombra para arrodillarse encima.

Llegamos al río, lo cruzamos por encima del hielo; buscó un sitio adecuado, se abrió un hueco entre la hierba y los juncos llenos de nieve y escarcha, rompió el hielo del río con el tajo, se arrodilló sobre la alfombra extendida, se puso por los hombros un chal de lana negro, y manos a la obra. Los guantes de goma? Aún no se conocían en el pueblo por entonces. Los únicos guantes existentes, eran los que ellas mismas tejían con hilo de lana por la noche, así como las bufandas para toda la familia. Con ello, soportábamos algo mejor el entonces frío, largo y duro invierno. Regularmente, las nevadas empezaban a primeros de noviembre. Habiendo años que el mismo, duraba 4/5 meses, cayendo varias nevadas, (3, 4, 5)

¿A cuantos grados estaba lavando mi madre? Al repasar aquellos recuerdos, aún me dan escalofríos. ¡¡¡Qué mujeres¡¡¡ Eran increíbles. Fuertes, duras, pero a la vez, flexibles como un mimbre, y sacrificadas como ellas solas. Todo por su familia.

2º.- Era verano. Serían la 8/8,30 de la mañana. Todos los hermanos mayores estaban trabajando hacia ya tiempo en el campo. Mi padre con su trabajo de herrero. Mi madre, prepara el almuerzo para todos, y acabado el mismo, nos levanta de la cama a los tres hijos más pequeños de los nueve que somos: Mi hermana Maribel, tres años más que yo y mi hermana Sarito, tres años menos que yo, y yo mismo que tendría unos 8/10 años. Nos lava, nos viste, desayunamos y nos abriga pues de mañana hace fresco, para llevarnos a una tierra próxima al pueblo, a “arrancar” lentejas. Y para que no nos despistemos, va haciendo corrillos pequeños en función de nuestra edad. Nos los adjudica, y allí verían Uds. cómo arreábamos los tres para no ser el último en acabar nuestro corro. Menos mal que era una hora u hora y media, que sino, mi madre terminaba reventada, pues tenía que ir a cien por hora para seguir haciendo nuestros corrillos antes de que los acabáramos. Claro que nosotros también nos cansábamos, pero ella lo tenía todo controlado. Al rato de llegar, hacíamos un alto en el trabajo, nos sentábamos en una lindera de la tierra, nos ponía una manta sobre las rodillas, nos da para comer algo de chocolate y un trozo de pan, y a dar cuenta del exquisito desayuno. Y eso señores, era la leche. Había valido la pena el sacrificio. Hasta el día siguiente. Y es que durante el verano, todas las manos eran pocas. Había que acabar el verano, y cuanto antes.

3º.- Lo mismo que cuando estaban embarazadas. Seguían realizando sus labores diarias, tanto de casa, como del campo, hasta que tenían que dar a luz a lo que vendría, por regla general en casa. Si había suerte y llegaban a tiempo, ayudadas por la matrona del pueblo y el médico de cabecera. Y cuantos hijos daban a luz cada una de ellas? Y algunas no lograban sobrevivir a algún parto… Madre mía. Qué bárbaras. Nunca se rendían, y encima, con un alguno de sus derechos restringidos; y en ocasiones anulados? Decir esto hoy en día puede parecer ilógico. Y es que hay que vivirlo para conocer, saber y sentir lo que ocurría antaño.

Se me ocurren muchas… muchas cosas que contar de estas mujeres. Con solo recordar lo que mi madre hacía… Pero me temo no saber explicar bien el papel que desempeñaban las mujeres en aquél entonces.

Realmente, creo que solo podría hablar de mi madre. Y es que ahora a toro pasado, recordar en mi memoria todo aquello que ella hacía, se me hace difícil, muy, muy difícil.   

Pero lo que sí quiero y debo, es dar mi reconocimiento a todas aquellas “mujeres” por ser como eran. Por hacer las cosas que hacían y con muy pocos medios. Darles las gracias por su amor y su sacrificio desinteresado y duro, muy duro, que supieron ofrecer en beneficio de todos nosotros. Sus hijos. No sé qué más decir…